Esta obra de Rodrigo García, dirigida e interpretada por Carlos Bolívar del grupo Sí Teatro, es una reflexión certera, dolorosa y demoledora de la deshumanización del ser humano en la sociedad de consumo.
Rodrigo García, fiel profeta de estos tiempos electrónicos, es capaz de ver más allá y lo dice alto, sin ambages, sin precauciones. Y eso hace daño. Tiene la voluntad de no transfigurar nada, de nombrar lo que se piensa sin rodeos, y llegar hasta el fondo sin reservarse nada.
Bruno Tackels dice que el teatro de Rodrigo García no resuelve las contradicciones; no escenifica los conflictos, sino sus consecuencias. Se trata de un universo que se toma en serio, para darle la vuelta con humor frío y tranquilo, y con la voluntad de comprender como el mundo entero está sacrificándose.
Los textos de García funcionan como un espejo puesto delante de nosotros que devuelve una imagen reveladora que provoca una conmoción física y psíquica, jamás un escándalo desde un punto de vista estrictamente moral.