Lo que fue un proyecto de tesis, puede ser una revolución en la manera de hacer cine en el país
En La Barra, un alejado pueblo del Pacífico colombiano, Arnobio Salazar Rivas, conocido por todos como “Cerebro”, líder de los nativos afrodescendientes vive una “guerra fría” con El Paisa, un poderoso terrateniente, que planea construir un hotel en la playa de este calmado y tranquilo paraíso.
Daniel, un “hombre de la ciudad” extrañamente silencioso, llega una tarde a La Barra y espera durante varios días por una lancha que, clandestinamente, lo saqué del país. Allí consigue únicamente la ayuda de la pequeña Lucía y de Miguel e Israel, dos adolescentes. Sin embargo la ayuda no es suficiente y mientras espera su embarcación queda encerrado entre la rebelión de un pueblo que se resiste a convertirse en víctima del progreso y el interés “culturofago” del ambicioso terrateniente.
Esta es la historia que narra
El vuelco del cangrejo, la ópera prima de Oscar Ruiz Navia, conocido por sus amigos como “Papeto”, un filme; mezcla de realidad, ficción, actores de academia y naturales, amigos e ingenio; que nació como un proyecto de grado y que de a poco se fue creciendo.
“De alguna manera esto que empezó como un proyecto universitario se pasó a la vida profesional, porque pasó mucho tiempo antes de que pudiéramos filmarla”, explicó Oscar, que estrena su película el próximo 12 de marzo en el país.
“Comencé el proceso de hacer una película pequeña, muy austera y en el proceso de buscar la historia encontré La Barra en 2002. Allí, después de ir varias veces como turista me encontré con una anécdota que disparó todo y fue que, al lado de la casa de “Cerebro”, que es la persona donde yo me hospedaba, llegó un blanco y empezó a poner música a todo volumen, a montar un negocio y a adueñarse de la playa. A partir de este suceso decidí contar la historia de un hombre que viaja a este lugar y se encuentra con esta situación basándome en mis vivencias y todo lo que pasó mientras estuve allí, la gente que encontré y todo eso”, agregó este realizador de tan sólo 27 años.
Una película que es una película El inicio de la producción fue un poco accidentada pues tuvo que ser pospuesta durante varios años, ante la carencia de recursos, pero al final las ganas le pudieron al dinero y poco a poco este filme fue formándose y creciendo.
“Todo el tiempo estuve dándole vueltas a la historia hasta que un día decidí filmar la película, independientemente de la financiación. Me fui con un grupo de amigos y empezamos un rodaje muy sencillo, pero yo sabía que nuestra experiencia en ese lugar se iba a transmitir en la película y yo tenía confianza que lo que estábamos haciendo era muy pertinente y original”, explicó Papeto, quien es un convencido que esa frescura fue lo que le permitió a su filme ser galardonado en la pasada edición del Festival del Cine de Berlín con la a estatuilla de la Federación de la Crítica Internacional de Cine, Fipresci, que acredita a este filme como la favorita del público.
Según Oscar la gente de Alemania entendió que “es una película hecha con mucha libertad y honestidad. La película está pensando en el cine mismo, no tiene ningún tipo de compromiso institucional, ni comercial. Es una película que es una película”.
Esta película es quizá un anuncio de que, en Colombia, la manera de hacer cine, así como las historias están cambiando. Es quizá este el anuncio de que los nuevos realizadores de cine están cansados de las historias de siempre, donde el narcotráfico y la degradación de la persona en contextos sociales desequilibrados son recurrentes.
La obra de Ruiz Navia puede ser el anuncio de una reinvención del cine en Colombia, o por el contrario puede ser simplemente un entretanto entre una película sobre narcotráfico y violencia y otra sobre violencia y guerrilla. De cualquier manera hay que aprovechar y acercarse.
En ese orden de ideas, Papeto cree que “el público colombiano tiene que empezar a ver películas de otro tipo, a ver propuestas que surjan como propuesta artística de un autor. Es importante que en el país se valore de igual manera que se valora el cine convencional de entretenimiento”.
Operación Cangrejo
No sólo la historia de El Vuelco del cangrejo es diferente, también lo fue la manera en qué se realizó. “Primero tuvimos el casting y luego el guión. Primero busqué y seleccioné las personas de las que me interesaba su vida. Como era un trabajo de reconstrucción de las historias de esta gente, primero necesite encontrarlas”, explicó el director y creador de esta película.
Según Cerebro, el protagonista de la película, quien habitualmente se dedica al turismo, todo fluyo de una manera muy natural. “Papeto fue como dos o tres veces como turista a La Barra y un día me dijo que quería que yo fuera protagonista de la película y yo le dije –yo nunca he hecho eso, pero si usted cree que yo le sirvo, pues hagámosle-”.
“Yo nunca me aprendí los guiones, Papeto me daba una idea de lo que tenía que decir y hacer y yo lo llevaba por mi camino. Siempre pude ser yo y eso fue muy bueno”, agregó.
Quizá el mayor logro del séquito de Papeto y Cerebro es que la película nació y se formó bajo el precepto de contar historias de la gente y no de crear historias para que fueran recreadas por algunos actores naturales. “El Vuelco es una película muy sencilla, donde lo que importa, más que todo, son las ideas”, explicó el creador.
El Vuelco del Cangrejo tuvo un fluir diferente al del común, el guión fue naciendo paralelamente con la película, que se nutrió del día a día de La Barra durante muchos meses, que se convirtieron en años y finalmente en una película cautivadora para contar las historias que a diario suceden en algunos rincones de Colombia que no aparecen en el mapa, pero que ahora llegaron al cine.
El Vuelco del Cangrejo llega a los cines este viernes 12 de marzo.
Si quieres ver el video con la entrevista que le hicimos a Papeto y a Cerebro,
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